El universo del Tokusatsu (esos maravillosos efectos especiales japoneses con maquetas y monstruos gigantes) está de fiesta. Se cumplen 60 años desde que las primeras ideas de la franquicia Ultra comenzaron a rodar en las cámaras de televisión. Seis décadas de héroes intergalácticos, explosiones controladas y ciudades de cartón destruidas con mucho estilo. Pero detrás de este imperio de la cultura pop se esconde un secreto de producción que hoy en día ganaría un premio al cuidado del medio ambiente: el día en que Godzilla y Ultraman compartieron clóset.
Si hoy una superproducción necesita un monstruo nuevo, gasta millones de dólares en diseño digital. En 1966, el genio de los efectos prácticos, Eiji Tsuburaya, tenía una filosofía mucho más divertida: "Traigan el pegamento, las pinturas y llamen a los estudios Toho a ver qué tienen arrumbado en la bodega".
Gomess y el peluquín prehistórico
Para el primerísimo episodio de Ultra Q (1966) —la serie hermana y precuela directa de Ultraman— la producción necesitaba presentar a Gomess, un imponente monstruo subterráneo. El presupuesto era tan ajustado que construir una botarga desde cero habría dejado a todo el equipo técnico comiendo fideos instantáneos durante meses.
Tsuburaya, quien casualmente también era el cerebro detrás de los efectos visuales del cine de Godzilla, aplicó el clásico "favor de amigos". Pidió prestado el traje que el lagarto atómico había usado en la película Mosura tai Gojira (1964). El equipo de utilería se puso manos a la obra con un presupuesto de dos pesos y mucha imaginación.
Para que nadie notara el truco, le hicieron un cambio de imagen radical al buen Godzilla:
Melena salvaje: Le pegaron mechones de pelo largo en la cabeza y la espalda.
Accesorios: Le añadieron placas gigantescas en el cuerpo, colmillos frontales y un cuerno en la nariz.
El resultado funcionó a la perfección. Gomess aterrorizó a la audiencia nacional sin que los niños de la época sospecharan que el temible monstruo era en realidad la estrella de cine más grande de Japón pasando por una fase de identidad bastante peluda.
Jirass y el cono de la vergüenza gigante
Meses después, la historia se repitió en el episodio 10 de la serie oficial de Ultraman. El presupuesto volvió a apretar y Toho envió de regreso la botarga de Godzilla (esta vez una versión actualizada del traje de 1965). Para dar vida a Jirass, una bestia marina modificada por un científico loco, los diseñadores decidieron no complicarse la existencia y optaron por un accesorio de alta costura: un enorme collarín amarillo alrededor del cuello, idéntico al de un lagarto de cuello fruncido.
Le pintaron unas rayas amarillas en la panza y ¡listo! Nació Jirass, un monstruo que básicamente parecía Godzilla saliendo de una cirugía veterinaria con un cono de la vergüenza gigante.
Una pelea de botargas para la posteridad
Lo mejor de este reciclaje histórico quedó inmortalizado en la pantalla. Durante el combate entre Ultraman y Jirass, el héroe de la galaxia M78 agarra al monstruo por el cuello y, de un tirón limpio, le arranca el collarín amarillo.
La reacción de Jirass en ese preciso instante es una joya de la comedia involuntaria: el monstruo se queda completamente congelado, mirando al vacío, como si se diera cuenta de que le quitaron el disfraz y ahora todo el mundo sabe que en realidad es Godzilla. Para rematar la humillación, Ultraman empieza a torear al Kaiju usando el collarín arrancado como si fuera un capote de matador.
Al terminar la pelea, Ultraman coloca el accesorio sobre el cuerpo del monstruo derrotado en señal de respeto. Una bonita forma cinematográfica de decir: "Gracias por prestarnos tu ropa, viejo amigo". Poco después, la botarga regresó a los estudios Toho, le quitaron los parches y Godzilla volvió a su trabajo diario de destruir Tokio en la pantalla grande.
A 60 años del inicio de esta increíble mitología, el doble viaje de la botarga de Godzilla sigue siendo el recordatorio perfecto de que la magia del Tokusatsu no solo se hacía con tecnología, sino con toneladas de imaginación, pegamento y un excelente sentido de la improvisación.