Agárrense de sus escobas, saquen sus varitas del fondo del ropero y asegúrense de que las lechuzas estén alimentadas, porque hoy, 31 de julio, el universo mágico se viste de gala. ¿La razón? El mismísimo, el inigualable, el portador de la legendaria cicatriz en la frente está de manteles largos. Sí, hablamos de Harry James Potter, el famoso niño que vivió, el terror de los mortífagos y el único sujeto capaz de sobrevivir a la furia de los tíos Dursley y a un mago tenebroso sin nariz en la misma década.
Si nos ponemos estrictos con la línea temporal oficial que nos legó la mismísima J.K. Rowling en Instagram, resulta que Harry nació un 31 de julio de 1980. Hágale cuentas, querido lector: el muchacho ya cruzó la barrera de los cuarenta y tantos largos y se aproxima peligrosamente a la madurez ministerial. Prefiero no calcular el número exacto porque me da un patatús pensar que el morro hiperactivo que corría por los pasillos de Hogwarts ahora probablemente reniega de la lumbalgia y se queja de la humedad en el Gran Comedor.
Es tradición obligatoria recordar cómo se las gastaba Harry en sus cumpleaños infantiles, los cuales solían ser un monumento a la catástrofe antes de conocer la magia. ¿Se acuerdan de su cumpleaños número once? El pobre estaba confinado en esa roca en medio del mar, comiendo medio paquete de galletas duras mientras Dudley respiraba fuerte a su lado, hasta que un gigante bonachón de barba peluda llamado Rubeus Hagrid derribó la puerta con la gracia de un hipogrifo desbocado. Aquel famoso pastel de chocolate con glaseado verde que decía "Happee Birthdae Harry" —con sus simpáticos errores ortográficos incluidos— cambió la historia de la literatura fantástica para siempre.
Uno podría preguntarse por qué, después de más de dos décadas desde que cerraron los libros y terminaron las adaptaciones cinematográficas, seguimos haciendo tendencia mundial esta fecha. La respuesta es sencilla: la nostalgia no paga impuestos y la buena magia nunca caduca. Ya sea que te hayas enterado de todo este fenómeno a través de las páginas originales o viendo las películas en la tele un domingo lluvioso, la comunidad global de fanáticos sigue encontrando en el fandom un refugio tan cálido como la sala común de Gryffindor. Al final del día, levantar una taza de cerveza de mantequilla —incluso si es la versión pirata del supermercado— se siente como un acto de resistencia contra el aburrimiento del mundo muggle.
Así que ya lo sabes. Si el jefe en la oficina se pone pesado o la fila del banco no avanza, échate un suspiro y recuerda que en alguna parte de la Gran Bretaña mágica, el jefe del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica está celebrando discretamente con Ginny y los chiquillos. Tómate el resto del día para revisar en las plataformas oficiales del Wizarding World de Harry Potter las dinámicas del día, o simplemente ponte a re Ver la escena en la que Hagrid le regala una lechuza a un niño desnutricado que no creía en milagros. ¡Feliz cumpleaños, Harry! Nos sigues debiendo una clase de vuelo sin instrumentos.
Si te consideras un auténtico mago o bruja de clóset, dime: ¿de qué casa de Hogwarts eres y cómo planeas celebrar el cumpleaños del niño que vivió este año?